Yo he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para mí un lugar de meditación y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible. Ante todo, debo puntualizar que para mí no es lo mismo el bar que el café. Por ejemplo, en París nunca pude encontrar un bar cómodo. Por el contrario, es una ciudad abundante en admirables cafés.
El café es la charla, ir y venir y el trato, bullicioso a veces, de las mujeres. Por el contrario, el bar es un ejercicio de soledad.
Tiene que ser, ante todo, tranquilo, más bien oscuro y muy cómodo. Toda clase de música, incluso música lejana, debe estar absolutamente desterrada. Una docena de mesas a lo sumo, a ser posible, con clientes habituales y poco comunicativos.
Puedo decir que llegué a querer el “Hotel del Paular”, al norte de Madrid, tanto como a un viejo amigo. Al fin de una jornada de paseo y de trabajo, Jean-Claude Carrière me dejaba solo durante tres cuartos de hora. Luego, puntualmente, sus pasos sonaban en el suelo de baldosas de piedra, se sentaba frente a mí y yo tenía la obligación -así lo habíamos acordado, pues estoy convencido de que la imaginación es una facultad de la mente que puede ejercitarse y desarrollarse al igual que la memoria-, decía que yo tenía la obligación de contarle una historia, corta o larga, que hubiera inventado durante mis cuarenta y cinco minutos de ensoñación.
Luis Buñuel
Great starters, dishes, drinks, dance floor and night swim in the sea.
Nice closure. May the fall nights begin!
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